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Nota de Prensa – Mucho Ruido y Pocas Nueces – Imaginación Atrapada

Mucho ruido y pocas nueces”: De las máscaras y el teatro
por Jimena C. Trombetta [email protected]

«Mucho ruido y pocas nueces», de William Shakespeare, está dirigida por Emilio Urdapilleta, que también, a comienzos de año, ha puesto Babilonia, de Armando Discépolo. Esta vez, con el grupo “El anzuelo” se separa del grotesco argentino para abordar una comedia clásica del teatro isabelino. La manera de incorporar al espectador dentro de este tipo de teatro —que ha sido generalmente sacralizado— parte, primero, de la elección de representar una comedia de Shakespeare y no una tragedia; y segundo, de marcar la convención tanto desde la elección de objetos y recursos escenográficos como desde el tipo de actuación.

Uno de los objetos más pregnantes dentro de la obra son las máscaras. En la primera escena, la puesta arma mediante máscaras y medias máscaras blancas “sin expresión” un cuadro pictórico que ubica al espectador dentro de determinados códigos trasladándolo a esa convención. Éstas, más allá de poder llevarnos a distintas estéticas teatrales, por un lado, unifican al elenco, ya que todas poseen un grado de mayor o menor neutralidad en su materialidad o estructura, modificadas por los gestos y los movimientos corporales del actor; y por el otro, se vuelven funcionales a la trama, ya que esos rostros que ellas esconden en el comienzo de la obra, se muestran más adelante ocultando sus verdaderas personalidades. Paradójicamente, las máscaras que se utilizan tiempo después, individualizan a cada uno de los personajes, ofreciéndole al espectador personalidades más cercanas a lo que cada uno de los personajes siente. Entonces mediante la máscara carnavalesca acceden a su interior no sólo individualizándose, sino también invirtiendo su personalidad mostrada, por aquella escondida. Pero el modo se condiciona a partir de esa misma máscara que permite encarnar la teatralidad de cada uno de los personajes. Desde este punto de vista, la obra se acerca a la estética de la Comedia del Arte, algo que resulta lógico si tenemos en cuenta que se pueden rastrear componentes propios de dicha estética en las comedias de Shakespeare. María de la Luz Uribe explica cómo en el lenguaje es donde se condensan estos elementos . Así lo cómico se traslada de los movimientos y el gesto al propio lenguaje enmascarando a los personajes, haciendo acrobacias con sus palabras, haciendo lazzi

De este modo, cada uno de los actores se apropia del texto shakespeareano (ablandando cada verso, desacralizándolo) para representar una historia de odios, envidias y amores que, aún hoy, puede ser releída con resonancias en la actualidad. Así, se parodia a una sociedad que habla de aquel tiempo pero que también recuerda éste. La inoperancia de la guardia y la burocracia de la justicia son absolutamente diluidas por historias románticas de enredo, que también dejan a la vista una serie de miserias y prejuicios sociales por resolver.

Tanto las escenas de la guardia como las escenas de enredos o las distintas escenas de confabulación obtienen su mayor riqueza en la expresividad que logran los actores al desarrollar los personajes potenciando sus cualidades psíquicas desde las características físicas, es decir desde los caricaturescos movimientos corporales.

Finalmente, habría que mencionar que, si bien se retoma un texto clásico como lo es «Mucho ruido y pocas nueces» y se homenajea al teatro desde distintos ángulos, la puesta no se priva en romper el espacio para aumentar el dinamismo de la obra, ya que el paseo de Benedicto entre los espectadores ayuda a marcar uno de los giros dramáticos de la historia, fortaleciendo una escena donde su parlamento —además de ser un monólogo— deja en claro la naturaleza de uno de los personajes más contradictorios, y a la vez, más genuinos de la historia junto con Beatriz.

María de la Luz URIBE, La Comedia del Arte, Destino, España, 1983.

Concepto extraído de Uribe, que se refiere al juego de actores que consistía en gestos desproporcionados y ridículos. (Respecto de Shakespeare, estaría relacionado con las expresiones en el lenguaje, sin embargo, en la obra se lo puede observar en todos los aspectos).

www.imaginacionatrapada.com.ar
1/10/2008

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