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Nota de prensa – Babilonia – Semanario Prensa Libre

BABILONIA
29/5/2008 – San Isidro
Por Juan Disante

Miles de inmigrantes son arrojados de sus países de origen tras la quiebra de sus ilusiones y vienen a Buenos Aires, una ciudad gobernada por conservadores en donde se producen milagros y decepciones, donde existe un trueque humillante entre muchas horas de trabajo agotadoras a cambio de un plato de comida y un techo prestado. En la cocina que está en el oscuro sótano de una mansión de «nuevos ricos», un grupo de inmigrantes desesperados -que trabajan cocinando y sirviendo- pugna patéticamente por salir de ese agobiante «pozo», buscando ser algún día como los de «arriba». Paradójicamente, los dueños de casa, los de arriba, son también inmigrantes que fueron pobres, pero que gracias a haber acumulado fortuna como contrabandistas, hoy despliegan un arrogante desprecio sobre sus dependientes y criados.

No fue escrita para la Argentina actual, ni esos inmigrantes son bolivianos o peruanos. Sino que es «Babilonia», la obra de Armando Discépolo, ofreciendo una descarnada mirada de ese oscuro submundo de la cocina de ricos, en donde todo se mezcla y se apila como en un cambalache. Italianos, españoles y franceses transpiran con olor a tocino e intentan rescatar sus últimos atisbos de dignidad. Una visión despiadada de la realidad de 1931, que no es muy diferente de la actual, en donde la crisis de alimentos distorsiona el mundo, la inescrupulosidad sigue avanzando en su voracidad de tener cada vez más poder y la postergación que sienten los trabajadores deja a éstos inermes y sin voz. Babilonia es una obra que transgrede los postulados rosas y festivos del sainete tradicional y quebranta las normas de éste para postular el desarrollo incipiente del nuevo género teatral: el grotesco criollo.

Pero en ésta puesta, su director Emilio Urdapilleta, logra configurar un espacio dramático muy interesante al manejar el espacio teatral con todos los actores en escena, cruzándose, riñendo, amándose o soportándose, para insinuar una dolorosa interpretación de la vida social de los desamparados inmigrantes.

El lenguaje y el origen étnico de los personajes influye en la configuración profunda del conflicto, dado que el inmigrante es un ser confinado de su propia heredad y lenguaje, que aún no ha podido o no ha querido asimilarse. Es la lengua como factor de disociación que produce seres divididos interior y exteriormente, por haber sido en su tierra líderes de «la mejor cocina de Europa», mientras que acá bajaron al subsuelo de un desarraigo de Babel. Extrañarán su terruño y, a la vez, el paraíso prometido que no aparece.

La relación entre opuestos es además uno de los recursos principales de Discépolo para lograr la tensión y el efecto dramático desgarrante que aleja la obra del sainete, rasgo que aparecerá como fundamental en sus grotescos posteriores. La nota distintiva del grotesco criollo es no querer ser caricatura, sino documento fiel de lo que pasa. Discépolo, y también el director, no dejan nada al azar y se preocupan de informar al espectador del cambio en su dramaturgia: ya no se trata de reír frente a una situación cómica sino de vivirla intensamente, mezclar dos polos antitéticos y absurdos de la naturaleza humana. Estamos en presencia de un gran grotesco argentino.

Con un elenco excelente de más de 20 actores en escena, la obra teatral «Babilonia» de Armando Discépolo, dirigida por Emilio Urdapilleta, se presenta en el Teatro Stella Maris, calle Martín y Omar 399 de San Isidro, los sábados a las 21 y los domingos a las 19. Reservas: 4743-2009/3546.

Publicación original: Semanario Prensa Libre

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